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Sobre los apóstoles, 1/1

4/25/2026

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About Apostles, 1/1
Sobre los apóstoles, 1/1

  
Hola a todos:
Ante la gran cantidad de personas que se autodenominan apóstoles o profetas, me pareció oportuno en estas últimas Reflexiones Semanales compartir lo que dice la Biblia, en lugar de basarnos en la tarjeta de presentación de alguien o en el título que anteponen a su nombre.
 
El contexto original
En nuestros días, los «dones de los cinco ministerios» se consideran sustantivos: apóstol, profeta, maestro, pastor y evangelista. Sin embargo, estas palabras son términos griegos transliterados al inglés. Esto significa que los traductores de la Biblia tomaron palabras de acción, en este caso, «enviado» o «apostolos», y decidieron que, en lugar de mantener la expresión «enviado», convertirían apostolos en un sustantivo que en es inglés 'apostle' (apóstol). Del mismo modo, transformaron «aquel que predice» en profeta; «aquel que proclama la verdad» en maestro; «aquel que cuida las ovejas» en pastor; y «aquel que anuncia las buenas nuevas» en evangelista. Así es como estas palabras de acción se convirtieron en sustantivos, encajando a la perfección en la jerarquía propia de la cultura eclesiástica de la «iglesia en auditorio» que predominaba hace más de 400 años.
 
Hicieron lo mismo con la palabra «obispo», que en griego es 'episkopos' y significa «aquel que supervisa». Considera el pasaje de 1 Timoteo 3:1, primero en la versión en inglés en King James y luego en su griego original:
KJV: «Dicho fiel es este: si alguno anhela el oficio de obispo, buena obra desea».
Griego: «Dicho digno de confianza es este: si alguno aspira a la labor de surpervisar, desea una obra hermosa».
 
Consideren también que la palabra «diácono» proviene del griego «diakonia», que significa «servicio» o «servir». Transformaron la figura de «aquel que sirve» en un cargo eclesiástico denominado «diácono». Los traductores no nos hicieron um favor al convertir estas palabras de acción en términos que, a lo largo de los siglos, terminaron por convertirse en sustantivos, si bien esto resultó muy conveniente para la jerarquía de las principales denominaciones religiosas. A continuación, presentamos Romanos 11:13: primero en la versión King James y luego en griego, para observar cómo cambió su significado:
 
Versión King James: «Pues a ustedes les hablo, gentiles; por cuanto yo soy apóstol a los gentiles, honro mi ministerio».
Griego: «A ustedes, gentiles, les hablo ahora; ciertamente soy un enviado para servirles, y me glorío en mi servicio (hacia ustedes)».
En las iglesias modernas con formato de auditorio, pareciera que un apóstol es un sustantivo, un título. También pareciera que ser apóstol u obispo (supervisor) es un cargo; cuando, de hecho, la palabra griega significa «servicio». En la realidad del Nuevo Testamento, no existe tal cosa como un «cargo» ya sea pastor o apóstol, intercesor o profeta—; la palabra clave es «servicio» (diakonia).
 
¿Qué define a un apóstol?
Recuerda que la totalidad del Nuevo Testamento fue escrita por estos «enviados» y dirigida a personas que se congregaban en iglesias en casas.
 
En primer lugar, por lo tanto, el contexto original de un apóstol es que estos inician iglesias en las casas. Ayudan en el proceso de discipulado a través de las relaciones dentro de la familia, amigos, vecinos y compañeros de trabajo. Esas son las cuatro esferas principales de relaciones que se observan en el Nuevo Testamento. Una quinta esfera sería la de la «persona de paz»: alguien que te conoce y te acepta, pero que aún no conoce al Señor.
 
En segundo lugar, Jesús se les ha aparecido para encomendarles su misión. 1 Corintios 9:1:
«¿Acaso no soy libre? ¿Acaso no soy un enviado (apóstol)? ¿Acaso no he visto al Señor? ¿Acaso no son ustedes mi obra en el Señor?». La afirmación de que es libre hace referencia al capítulo anterior, en el cual abordó la libertad de comer lo que uno desee; aquí, Pablo declara que está poniendo en práctica lo que enseña. Observe que él afirma ser un enviado (apóstol), haber visto al Señor y que ellos, los corintios, constituyen su obra en el Señor. Nota también que Pablo vio al Señor, tal como lo hemos visto yo u otros, después de Su ascensión, en el Espíritu. Sin embargo, eso sigue contando como haber visto al Señor, tal como se indica en este versículo; aquello formaba parte de la credibilidad de Pablo como apóstol que él había visto al Señor.
 
En tercer lugar, su asignación es para un grupo o tarea específicos. Escribiendo a los corintios en 1 Corintios 9:2:
«Si para otros no soy un enviado (apóstol), para ustedes sí lo soy; pues ustedes son el sello de yo haber sido enviado (apostolado)». Él no era apóstol para todos, sino solo para un grupo específico.
 
En Gálatas 2:9, Pablo escribió que Pedro, Jacobo y Juan «percibieron la gracia» en él y en Bernabé, y les dieron la mano de compañerismo, acordando que el servicio de ellos sería para los judíos, mientras que Pablo y Bernabé serían enviados a los gentiles. En Hechos 9:15, cuando el Señor se le apareció a Pablo en el camino a Damasco, le dijo específicamente que lo enviaba a los gentiles (los no judíos). Esto nos muestra que ser apóstol implica un grupo de personas específico y, con ello, limitaciones inherentes a ese grupo de personas.
 
Cuando el Señor me visitó el 4 de noviembre de 2001 y puso sus manos sobre mí, dijo lo siguiente: «Has estado realizando la obra de un apóstol, pero ahora pongo mis manos sobre ti como apóstol para esta tarea: quiero que inicies una iglesia en casa y una red de iglesias en casas, y que la estructures de tal manera que facilite el desarrollo de iglesias en casas en todo el mundo». Mi asignación como «enviado» se limita a las iglesias en casas, aunque abarca todo el ámbito mundial. No he sido enviado como apóstol para las iglesias con auditorio, si bien ministro en ellas libre y gozosamente. No se me ha asignado un grupo de personas específico, pues Él dijo «en todo el mundo». Los confines de mi apostolado se circunscriben a aquellos que participan en ministerios basados ​​en el hogar. Enseño para todos, sirvo como vidente para todos, pastoreo y superviso a nuestro grupo CWOWI, pero mi apostolado es exclusivo para CWOWI. Por consiguiente, trabajo codo a codo con otros que poseen diferentes llamados; todos formamos parte del mismo equipo y brindamos ayuda según se nos solicita.
 
Cuando Él declaró: «Has estado realizando la obra de un apóstol», se refería a mi labor de enseñanza y a mis visitas a diversas iglesias para instruir y asesorar a pastores y líderes de escuelas bíblicas en todo tipo de asuntos: desde sus problemas y conflictos personales, hasta la manera de potenciar el impacto positivo que su ministerio estaba generando en las personas. Yo había estado haciendo aquello que también hacen los apóstoles; sin embargo, hasta ese momento, no era un apóstol (un «enviado»). Creo que muchos de los que realizan la labor de un apóstol, pero que no lo son, se autodenominan apóstoles. No obstante, ellos no están fundando iglesias en casas; carecen de transparencia y de las relaciones interpersonales inherentes a dicha labor; y Jesús no se les ha aparecido para imponerles las manos con miras a una tarea específica, ni para enviarlos a un grupo o misión concreto. Sin embargo, dado que ejecutan una parte de las funciones propias de un apóstol, la cultura eclesiástica centrada en los grandes auditorios se presta a la proliferación de títulos y cargos, así como a la veneración de aquellos que han sido etiquetados de manera errónea.
 
Siendo yo adolescente, el Padre me reveló que me había llamado a ser un vidente. En esa misma etapa de mi juventud comencé a enseñar, siendo este uno de mis dones principales, si no el más importante de todos. Siempre he poseído un «corazón de pastor», velando por el pueblo de Dios con el fin de acompañarlo a lo largo del proceso de discipulado. Mi asignación como apóstol se sumó a las anteriores que preceden al año 2001; no obstante, dicha asignación responde a un propósito muy específico. Esta labor se edifica sobre los dones preexistentes de vidente, maestro y pastor. Dichos dones están al alcance de todos; sin embargo, mi apostolado se circunscribe exclusivamente al ámbito de las iglesias en casas y a los miembros de la red CWOWI que surgen a partir de ellas. Pedro, Santiago y Juan sabían que eran apóstoles (enviados) dirigidos a los judíos; del mismo modo, Pablo y Bernabé sabían que habían sido enviados a los gentiles. Se trataba de una asignación específica, cuyos límites se discernían con total claridad.
 
En cuarto lugar, el ministerio de un apóstol se halla acompañado de señales y prodigios, tal como se afirma en 2 Corintios 12:12: «Ciertamente, las señales de un enviado (apóstol) se manifestaron entre ustedes con toda paciencia y perseverancia, mediante señales, prodigios y milagros». Si bien en mi ministerio he sido testigo de milagros y sanidades extraordinarias similares a las descritas en los Evangelios: Cojos que caminan, sordos que oyen, ciegos que recuperan la vista y más. Prefiero no hacer alarde de aquello, a fin de evitar que la gente fije su mirada en mi persona en lugar de dirigirla hacia el Señor.
 
No obstante, en una ocasión le expresé al Señor mi deseo de presenciar con mayor frecuencia ese tipo de sanidades extraordinarias; Su respuesta, sin embargo, me tomó por sorpresa: «¿Por qué crees que te visito a menudo durante tus reuniones? ¿Por qué crees que abro los ojos espirituales de tantas personas para que puedan verme, o para que perciban mi presencia en medio de ellas? Esto también forma parte de las señales y los prodigios». Así que reconocí mi error y no he vuelto a sacar el tema desde entonces. Ha habido muchísimas ocasiones, quizás seis o más, en las que varios de nosotros hemos visto al Señor en medio nuestro, mientras Él caminaba entre la gente hablándoles; algunos lo veían, mientras que otros simplemente lo percibían justo delante de ellos, o sentían en su espíritu Su abrazo o Su mano sobre su hombro espiritual. Y, por lo general, varios tienen visiones, ven ángeles o la nube de gloria, o son arrebatados en el Espíritu junto con el Señor. Me siento continuamente doblegado y asombrado de que Él actúe de este modo, habitualmente durante nuestros tiempos de adoración en nuestras conferencias.
 
Hace años hubo un tiempo en que se puso de moda autodenominarse apóstol. Algunos incluso llegaron al extremo de exigir que los pastores les entregaran sus diezmos personalmente, y que sus iglesias diezmaran a su ministerio, enriqueciéndose así mediante esta manipulación. Que el Señor tenga misericordia de sus almas. Ni Pablo ni ningún otro apóstol exigieron diezmos u otro tipo de apoyo financiero; Pablo esperaba que las personas tuvieran comunión con Cristo a través de ellos y dieran a aquellos que les habían enseñado, pero nunca hubo una exigencia; razón por la cual yo hablo muy poco sobre dinero. Además, los apóstoles contaban con redes de contactos, tal como revelan las cartas de Pablo al narrar sus viajes a aquellas iglesias (en casa) asociadas con él: en Roma, Corinto, Éfeso, la región de Galacia, Filipos, Colosas y Tesalónica. Escribió a los romanos diciéndoles que deseaba llegar hasta España, aunque no estaba seguro de si lograría llegar tan lejos.
 
Su deseo no era invadir el terreno del trabajo de otro, tal como se afirma en 2 Corintios 10:12-15: «Nos limitaremos a la esfera del ministerio que el Señor nos ha asignado, la cual los incluye a ustedes...».
 
En resumen, la definición bíblica de un apóstol es la siguiente: ayudan en el proceso de discipulado a través de las relaciones personales y en reuniones celebradas en casas. El Señor se les ha aparecido para encomendarles una misión específica, para la cual son «enviados». Su misión consiste en llevar a cabo una tarea concreta o dirigirse a un grupo de personas determinado. Su ministerio viene acompañado de señales y prodigios.
 
Y estoy agradecido por todos ustedes, quienes leen estas «Reflexiones Semanales» y los boletines mensuales. Anhelo el día en que podamos saludarnos cara a cara. La próxima semana abordaremos un nuevo tema; hasta entonces, ¡bendiciones!
John Fenn
cwowi.org y me pueden enviar un correo electrónico a [email protected]

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Videntes, profetas, profecía personal 3 de 3. Videntes/profetas

4/18/2026

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Seers, prophets, personal prophecy 3 of 3. Seers/prophets
Videntes, profetas, profecía personal 3 de 3. Videntes/profetas
 
Hola a todos:
¿Qué es un vidente? ¿Qué es un profeta?
 
Así se nos dice en 1 Samuel 9:9: «...aquel a quien antiguamente se llamaba vidente, ahora se le llama profeta».
 
Los videntes o profetas poseen el don de ver el reino del Señor de vez en cuando, según sea necesario y conforme a la voluntad del Señor. En 1 Samuel 3, el Señor llamó a Samuel por su nombre: "¡Samuel, Samuel!", y el joven muchacho pensó que era Elí, el sacerdote, quien lo estaba llamando. Después de que Elí le dijera que era el Señor, el versículo 10 dice: «Entonces vino el Señor y se detuvo, tal como lo había hecho en las ocasiones anteriores, y dijo: "¡Samuel, Samuel!"». En el versículo 15 se dice que Samuel tuvo miedo de contarle a Elí la visión del Señor. El versículo 21 afirma que, a partir de ese momento, el Señor se le apareció a Samuel como «la Palabra del Señor».
 
Samuel fue el primero de los videntes y profetas de la nación de Israel. Fue el último de los Jueces. Entre los Jueces anteriores se encontraban Débora, Gedeón, Sansón y otros. Samuel fue el último juez y el primer vidente y profeta de la nueva nación de Israel. Él designó a Saúl como su primer rey. Preparó el terreno para todos los profetas de Israel que le sucedieron, pues el Señor también se les aparecía a ellos como «la Palabra del Señor».
 
Pero los videntes no solo reciben visitas del Señor; su don para ver dentro del reino del Señor también se manifiesta en el ministerio de Eliseo, tal como se observa en 2 Reyes 6:13-17. Eliseo y su asistente se encontraban en una ciudad rodeada por un ejército enemigo con carros de guerra, y el asistente estaba muy atemorizado. Eliseo oró para que el Señor también le abriera los ojos a su asistente y este pudiera ver lo que él veía: Un ejército angelical que también los rodeaba. Eliseo veía tanto el reino angelical como el reino natural, representado por el ejército del rey que rodeaba la ciudad.
 
Cuando yo era adolescente, tendría unos 16 o 17 años, el Padre me dijo que me había llamado a ser un vidente (utilizando precisamente ese término), y que esa era mi vocación primordial antes que la de maestro, pastor y apóstol (la próxima semana abordaremos la definición de apóstol y su ministerio). Así es como suele ocurrirme a mí: Como si se superpusieran dos dimensiones, con los ojos bien abiertos, veo simultáneamente el reino natural y el reino del Señor.
 
¿Qué define a un vidente o profeta del Nuevo Testamento?
El fundamento sobre el cual edificamos se encuentra en Efesios 3:1-6, pasaje que dice en parte: «Para revelar el misterio... el cual se mantuvo en secreto desde los siglos y generaciones pasadas, pero que ahora ha sido revelado a sus santos apóstoles y profetas por medio del Espíritu». «Que los gentiles sean coherederos, miembros del mismo cuerpo y copartícipes de la promesa en Cristo por medio del evangelio».
 
Esto nos indica que la función primordial de los apóstoles y profetas consiste en compartir la revelación proveniente del Señor con respecto a la gracia otorgada a nosotros, los no judíos. Es por esta razón que los profetas y los maestros guardan una estrecha relación, tal como se observa en Hechos 13:1-3: «Había en la iglesia de Antioquía ciertos profetas y maestros reunidos... dedicados al ayuno y a la oración...». La función principal de un profeta no es simplemente pronunciar palabras proféticas, sino compartir la revelación concerniente a los misterios de Cristo. La enseñanza y el ejercicio del don profético están íntimamente ligados a la labor de los apóstoles y profetas, pues a ellos se les ha encomendado la tarea de revelar misterios más profundos acerca de la obra de Jesús y de sus caminos, y de transmitir dicha revelación al cuerpo de Cristo.
 
Si alguien se autodenomina apóstol o profeta, su ministerio principal debe ser enseñar y compartir la revelación concerniente  a lo que Jesús ha realizado en nuestro favor. Si carecen de esos misterios más profundos; si todo lo que hacen es tener sueños, visiones y palabras de carácter «profético» es preciso que te cuestiones si son verdaderamente profetas (o apóstoles).
 
¿En qué se diferencia el hecho de que alguien profetice al de ser un profeta?
Hechos 11:27-28 nos dice: «En aquel tiempo, unos profetas descendieron de Jerusalén a Antioquía; y uno de ellos, llamado Agabo, reveló por el Espíritu que sobrevendría una gran hambruna...».
Esto nos muestra que un profeta tendrá palabras predictivas acerca de fenómenos naturales; en este caso, una hambruna.
 
En Hechos 21:10-11 se nos relata lo siguiente acerca de Agabo: «...vino, tomó el cinto de Pablo, se ató las manos y los pies, y dijo: "Esto es lo que dice el Espíritu Santo: 'Al hombre a quien pertenece este cinto, los judíos en Jerusalén le harán esto y luego lo entregarán a los gentiles (los romanos)'"».
 
Aquí vemos que un profeta también tiene palabras predictivas acerca de las acciones de los gobiernos, incluyendo, en ocasiones, aquello que concierne a los individuos. Un profeta en estos tiempos del Nuevo Testamento, ante todo, enseñará y/o compartirá acerca de los misterios de Cristo en nosotros, y de Su obra en la cruz, la resurrección y la ascensión. Ellos verán en la dimensión del Espíritu. Tendrán palabras predictivas acerca de la naturaleza, de los gobiernos y para personas.
 
Compara esto con la definición que da Pablo de la simple profecía en 1 Corintios 14:3: «Porque el que profetiza le da a una persona una palabra que la edifica, la exhorta o la consuela». Podemos apreciar una profundidad mucho mayor en el caso de aquel que ha sido llamado como Vidente o Profeta. Lamentablemente, algunos se han labrado una gran reputación creyendo que, por el hecho de profetizar con regularidad, son profetas. La primera vez que una persona emite una simple profecía, esta puede no ser más que decirle a alguien: «Siento que el Señor te ama». Pero si poseen mucha experiencia, sus profecías pueden ser más extensas y detalladas; no porque sean profetas, sino porque tienen más experiencia en el ejercicio de ese don. Algunos han pensado que, dado que se mueven con regularidad en la simple profecía, son profetas; pero, en realidad, simplemente tienen más experiencia en el uso de dicho don.
 
Recuerda también que otras manifestaciones del Espíritu se combinan con los dones. De modo que una persona que, mientras ora por alguien, percibe una breve visión de esa persona o de una situación, lo cual constituye el discernimiento de espíritus, puede también entregarle una profecía de aliento. Ellos no son profetas; el Espíritu simplemente actuó a través de ellos para ministrar a esa persona lo que necesitaba. El ministerio principal de un profeta consiste en enseñar y compartir lo que Cristo hizo por nosotros, ver en el Espíritu y dar palabras proféticas acerca de la naturaleza y de los gobiernos.
 
Sabiduría sobre la profecía personal
Podemos aprender acerca de la profecía personal a partir de este intercambio entre Agabo y Pablo en Hechos 21. En primer lugar, Agabo dijo: «Esto es lo que dice el Espíritu Santo». La profecía sencilla es, muy a menudo, algo que se percibe en el propio espíritu y que luego se expresa con palabras; es más bien una interpretación de lo que uno siente en su espíritu respecto a lo que el Señor está diciendo. Un profeta oirá al Espíritu Santo mismo. Esto es lo que me sucede a mí con mayor frecuencia y, tal como he enseñado anteriormente basándome en ejemplos del libro de los Hechos, cuando el Espíritu Santo mismo habla, lo hace de manera específica, concisa y directa (Hechos 8:29; 10:19). No hay vaguedad ni ambigüedad alguna cuando se oye al Espíritu Santo mismo hablarle a uno. Agabo oyó la palabra específica del Espíritu Santo dirigida a Pablo.
 
Agabo le dio a Pablo detalles muy específicos: que sería arrestado por los judíos y entregado a los romanos en Jerusalén. Los problemas que le aguardaban no constituían una información nueva para Pablo, aunque los detalles específicos sí lo eran; esto demuestra que una palabra profética personal será, sencillamente, una confirmación de algo que el Señor ya le ha revelado a la persona.
 
Anteriormente, en el capítulo previo en Hechos 20:22-24, Pablo había dicho lo siguiente: «...Ahora, impulsado por el Espíritu, voy a Jerusalén sin saber lo que allí me sucederá; solo sé que en todas las ciudades el Espíritu Santo me advierte que me esperan prisiones y sufrimientos. Sin embargo, no le doy importancia a mi propia vida...».
 
Pablo afirmó que, dondequiera que iba, el Espíritu Santo daba testimonio en otras personas de que, si él se dirigía a esa ciudad, le aguardaban arrestos y tribulaciones. No obstante, dijo que desconocía los detalles específicos. Después de despedirse de ellos en Hechos 20, el capítulo 21 comienza con Pablo navegando hacia la ciudad de Tiro; allí encontró a unos discípulos y, según afirma el versículo 4: «Ellos, impulsados ​​por el Espíritu, le insistían que no fuera a Jerusalén».
 
Hasta ese momento, fuera a donde fuera Pablo, los discípulos con los que se encontraba sentían un testimonio en su espíritu, una especie de «mal presentimiento», respecto a que él se dirigiera a la ciudad; pero, tal como el propio Pablo admitió: «No sé qué cosas me sucederán allí». Eso significa que todas esas impresiones, todas esas personas, simplemente tenían un vago testimonio en su espíritu de que le aguardaban problemas. No fue sino hasta que el profeta Agabo proporcionó información precisa sobre esas «cosas malas»,que los judíos lo arrestarían y lo entregarían a los romanos, que se aclaró el panorama.
 
La profecía personal que Pablo recibió de Agabo trataba sobre su futuro, pero consistía simplemente de información específica acerca de cosas que Pablo ya sabía. La profecía personal no será información nueva; será una confirmación de cosas que el Señor ya te ha revelado y, como palabra de confirmación, contendrá más detalles. Incluso cuando Pablo se encontró con Jesús en el camino a Damasco, en Hechos 9:5, el Señor le dijo: «Dura cosa te es dar coces contra los aguijones». Un aguijón para bueyes era un palo puntiagudo que una persona utilizaba, situándose detrás de una «vaca», para pincharla en el hombro o en la parte trasera con el fin de mantenerla en el camino correcto. Jesús, al ser la afilada espada de dos filos, la Palabra de Dios, evidentemente había estado «pinchando» a Pablo durante algún tiempo respecto al hecho de que Él era el Mesías, y Pablo se estaba resistiendo. Así pues, incluso este encuentro con Jesús guardaba relación específica con los «pinchazos» que Pablo había recibido de la Palabra Viva, en lugar de tratarse de información completamente nueva. Jesús se lo confirmó. ¿Cuántos de nosotros fuimos «pinchados» por el Señor durante algún tiempo antes de que finalmente cediéramos y creyéramos?
 
La próxima semana: Los apóstoles.
Hasta entonces, bendiciones.
John Fenn
cwowi.org y me pueden enviar un correo electrónico a [email protected]
 

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Videntes, Profetas, profecía personal, 2/3: Los dones de tu espíritu.

4/11/2026

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​Seers, Prophets, personal prophecy, 2/3. Your spirit's gifts.
Videntes, Profetas, profecía personal, 2/3: Los dones de tu espíritu.
 
Hola a todos:

La semana pasada compartí cómo algunas personas impusieron sus manos sobre mí y profetizaron, acertando completamente; pero luego quisieron ir más allá y en la segunda ocasión simplemente percibieron en su espíritu cuáles eran mis dones. A esto le añadieron un "así dice el Señor" y lo expresaron en tiempo futuro, atribuyéndoselo a Dios.
 
Muchos manipuladores, al desconocer los caminos del Padre, creen que cuando perciben las cualidades en el espíritu de una persona, están operando en el don de profecía; o, lo que es peor, se consideran a sí mismos profetas. Sin embargo, lo único que han logrado es volverse expertos en percibir, a nivel espiritual, las cualidades del espíritu de otra persona. Esta habilidad también puede adquirirse entre quienes no conocen al Señor; a veces, incluso con la intervención de demonios (espíritus familiares) que le revelan a la persona datos sobre un tercero con fines de manipulación o, incluso, de abuso.
 
Has percibido las cualidades del espíritu de otra persona
Hay personas que te caen bien sin que sepas exactamente por qué; del mismo modo, hay personas que no te resultan agradables, no porque hayan hecho algo en tu contra, sino simplemente porque no hay "química" entre ustedes. Percibes que no se trata meramente de una cuestión de personalidad; hay algo más profundo: tu espíritu rechaza aquello que reside en el espíritu de la otra persona. Muy a menudo, esto sucede porque tu espíritu reconoce en el espíritu (o en el alma) del otra persona algo que entra en conflicto con el Espíritu de Dios, lo cual provoca tu rechazo hacia esa persona.
 
Vas al supermercado a hacer las compras y al salir, te quedas preguntándote si el empleado de la caja será cristiano o si estará cerca de la justicia, pues percibes en él algo bueno o apacible; es como un reconocimiento que surge en tu espíritu y que tu mente logra captar. En Marcos 12:34, Jesús le dijo al escriba que había respondido acertadamente sobre las Escrituras: "No estás lejos del reino de Dios". Jesús percibió la condición espiritual de aquel hombre. No se trataba de una palabra profética, sino de una observación que Jesús hizo basándose en lo que percibió respecto al estado espiritual en el que se encontraba aquel hombre. Nosotros también hacemos lo mismo.
 
Asimismo, muchos hombres y mujeres que han sufrido algún tipo de abuso durante su juventud son capaces de percibir en su espíritu, incluso al conocer de manera casual a alguien, si esa persona alberga lujuria u otras inclinaciones negativas; esto se debe a que su espíritu reconoce el tipo de espíritus que los atormentaron cuando eran más jóvenes. Nuestro espíritu tiene la capacidad de percibir en ese nivel de interacción directa entre un espíritu humano y otro si es que una persona es pura o si hay algo en ella que no está bien. El mundo lo llama "corazonada" o "intuición", pues incluso las personas que no han nacido de nuevo siguen siendo espíritu, alma y cuerpo.
 
Si una persona sufrió abusos durante su infancia, o creció, por ejemplo, en un hogar con adictos, ahora, en su edad adulta, su espíritu y su alma pueden percibir que un desconocido que ven en público es un adicto; esto se debe a que su espíritu siente a los espíritus que rodean a ese desconocido, ya que ese mismo tipo de espíritu rodeaba a sus padres mientras crecían.
 
¿Qué fue eso?
La profecía sencilla es un don de Dios, impulsado por el Espíritu Santo. No se trata de descifrar los rasgos de la personalidad o los dones de una persona aunque esto puede formar parte de una profecía. La profecía se define en 1 Corintios 14:3: "El que profetiza habla a las personas para su edificación, exhortación y consuelo". Es el Padre, que es Espíritu, quien da una revelación al espíritu de alguien acerca de Su exhortación y consuelo para esa otra persona. En la profecía simple no hay nada referente al futuro. A veces, con el fin de exhortar, el Señor mencionará los dones o talentos que Él ha depositado en esa persona; sin embargo, esto se hace dentro del contexto más amplio de un mensaje dirigido hacia aquella persona. Esto se debe a que la profecía siempre gira en torno a Jesús, a Su obra y a Su voluntad.
 
Muchos han profetizado mientras estaban sentados a una mesa, tomando té o café con un amigo, y han sentido en su espíritu que ese amigo se encuentra en un momento decisivo respecto a algún asunto. Sienten una paz que los impulsa a decirle esto o aquello, brindándole consuelo; eso fue profecía. Si surgió simplemente de su empatía como amigo, es decir como un acto de solidaridad, entonces no; en ese caso, se trataba tan solo de un amigo consolando a otro amigo. Pero hay ocasiones en las que actuamos movidos por una percepción en nuestro espíritu, una sensación de paz o una inspiración para hablarle a nuestro amigo; y eso es profecía. Los dones del Espíritu no vienen con etiquetas ni con anuncios luminosos que dicen: "¡Atención! Lo que te estoy diciendo ahora es una profecía; añadiendo al final la frase: 'Así dice el Señor'. NO. En 1 Corintios 12:4-7, Pablo denomina a los dones una "manifestación del Espíritu dada para el beneficio de todos". Es algo normal simplemente parte de ser cristiano que Cristo, quien habita en ti, actúa a través de ti para el bienestar de otra persona.
 
El contexto del Nuevo Testamento se desarrollaba en el hogar, en las relaciones interpersonales y en las reuniones caseras; por ello, es precisamente allí donde todos los dones del Espíritu encuentran su aplicación primordial. Un padre que consuela a su hijo tras un día difícil en el trabajo podría parecer, a simple vista, un padre haciendo simplemente lo que los padres hacen. Sin embargo, tal vez, mientras escucha a su hijo, ese padre esté pidiendo al Padre celestial sabiduría y las palabras exactas para brindarle consuelo; y, brotando desde su espíritu, surgen el consuelo, el aliento y una sabiduría que trasciende la que poseía originalmente. En ese instante ha profetizado, y quizás incluso ha impartido una palabra de sabiduría a su hijo. Ha fluido desde su espíritu, a través de su alma, expresándose por medio de su cuerpo; es posible percibir esa fluidez, sentirla, pues no existe nada más gratificante que vivir desde el hombre interior (el espíritu) hacia afuera.
 
Una palabra de sabiduría constituye una instrucción divina referente a algo futuro; por ejemplo, cuando el Señor otorga a una persona la sabiduría necesaria para gestionar una situación difícil en el trabajo, o para saber qué aspectos de su experiencia compartir durante una entrevista laboral a la mañana siguiente. Una palabra de conocimiento, por su parte, consiste en un saber divino acerca de algo pasado o presente; y todas estas manifestaciones del Espíritu de Dios son, precisamente eso, manifestaciones del Espíritu.
 
La profecía no apelará a nuestro ego: "El testimonio de Jesús es el espíritu de la profecía" (Apocalipsis 19:10).
El contexto de este pasaje sitúa al apóstol Juan en el cielo, momento en el que este se dispone a postrarse a los pies del ser que le está sirviendo de guía. Dicho ser se muestra sumamente contrariado e insiste en que Juan no lo haga, argumentando que él mismo es también un creyente, un consiervo. Le explica que la profecía no gira en torno a su propia persona (aquel ser que le muestra a Juan las realidades celestiales), sino que la esencia misma de la profecía reside en el testimonio de Jesús.
 
Esto implica que una profecía de carácter personal no servirá para exaltar tu ego ni para anunciarte cuán grandioso y poderoso es el ministerio al que has sido llamado (si bien Él podría revelarte el alcance de tu ministerio y las adversidades que habrás de enfrentar si aceptas Su invitación, tal como ocurrió en el encuentro de Pablo con Jesús en el camino a Damasco). Si eres utilizado como instrumento para transmitir una profecía a otra persona y esta proviene verdaderamente del Espíritu, no experimentarás sensación alguna de ego ni pensarás: "¡Vaya, qué bien se me da esto!"; en absoluto, nada girará en torno a ti. Todo se centra en Jesús, ya sea que estés impartiendo o recibiendo una palabra profética.
 
SI recibes a algún "profeta" que te entrega una profecía larga y con lenguaje floreado que se extiende por páginas y páginas al ponerla por escrito, ten por seguro que no provino de Dios. TAL VEZ el primer párrafo haya sido obra del Espíritu, pero el resto sería el "profeta" actuando en la carne, tal como me sucedió a mí en aquella conferencia.
 
Cuando el Espíritu de Dios habla y esto se observa en cada ejemplo de los Hechos de los Apóstoles en el que Él se dirige a alguien, lo hace de manera breve, directa, concisa y sin adornos superfluos. La profecía trata sobre Jesús, no sobre ti ni sobre mí. SI apela al ego, si te enaltece respecto a tu llamado y propósito, o si te hace creer que eres un regalo de Dios para la humanidad, entonces no proviene de Dios. Jesús es manso, humilde de corazón, accesible y modesto. Toda profecía personal portará ese mismo espíritu de Jesús; en ella no hay cabida para el ego.
 
La próxima semana abordaremos qué hace a un vidente o profeta. Hasta entonces, bendiciones.
 
John Fenn
cwowi.org y me pueden escribir un correo electrónico a [email protected]
 

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Videntes, Profetas, profecía personal: Parte 1: '¿Qué es la profecía?'. 1/3

4/4/2026

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Seers, Prophets, personal prophecy: Part 1: 'What is prophecy?'. 1/3
Videntes, Profetas, profecía personal: Parte 1: '¿Qué es la profecía?'. 1/3
  
Hola a todos,
Hay una gran confusión acerca de los Videntes, Profetas, profecía y profecía personal. En esta parte 1, compartiré cómo podemos conocer a las personas por su espíritu y los problemas que esto puede causar.
 
Atracción al espíritu de una persona
"A partir de ahora no conoceré a nadie según normas humanas (sino según el espíritu), aunque conocimos a Cristo una vez en la carne, pero ya no, lo conocemos por el Espíritu. Porque si alguno está en Cristo, nueva criatura es. Las cosas viejas pasaron; he aquí, todas las cosas son nuevas, y todas las cosas son de Dios". II Corintios 5: 16-17.
 
En el mundo reconocemos, honramos o conocemos a una persona de acuerdo con los estándares del mundo: educación, economía, trabajo desempeñado, riqueza, etc. En Cristo sólo hay una norma: el nuevo nacimiento. Las normas terrenales para conocer a alguien son secundarias, por eso Pablo dijo que de ahora en adelante no conocerá a una persona según los estándares terrenales, sino por el Espíritu.
 
Mucho daño ha sido causado por personas confundidas acerca de esta realidad neotestamentaria de conocer a las personas por su espíritu. Muchas mujeres se han arrojado a los brazos de ministros porque su espíritu se identifica con algunos de los dones de su espíritu, y lo interpretan como si Dios le dijera que él es su futuro esposo. No siempre es un un ministro, suceden en escuelas hasta en iglesias, desde empresas hasta reuniones casuales en público. La atracción por el espíritu a menudo se confunde con la dirección de Dios para una relación. Error, significa que no es Dios, es simplemente su espíritu atraído por el espíritu de otra persona.
 
Cuando era director de una escuela bíblica conocí al gran y ampliamente respetado evangelista T.L. Osborne. Nuestra escuela estaba en el edificio de la sede de su ministerio y lo cuento como un momento especial. Él hablaba en nuestros servicios de capilla e incluso tuve el privilegio de reunirme con él en su casa. Un día después de que él habló en la capilla, una estudiante vino a verme llorando y no sabía por qué. Le pregunté a qué se sentía llamada y dijo 'Misiones'. Le expliqué que los dones en su espíritu daban testimonio de los dones en su espíritu, las misiones, y su espíritu se conmovió al escuchar todas sus aventuras y el pueblo que había ganado para el Señor. Ella conocía a T.L. según Cristo en cada uno de ellos.
 
Otro ejemplo:
Cuando tenía 16 años conocí a una chica durante la clase de alemán en décimo grado de escuela. La maestra a menudo hacía que los estudiantes formaran equipos de 2 y yo formaba equipo con ella. Mientras hacíamos nuestras lecciones llegamos a conocernos. Ella era católica romana, yo era episcopal (anglicano), lo cuales comparten una liturgia común los domingos por la mañana. Un día me dijo: "Conozco al Dios detrás de la liturgia". Ella me guió al Señor.
 
Estábamos en décimo grado en ese momento, teníamos 16 años. Su novio y futuro esposo la guió al Señor, ella me guió m   al Señor, luego yo guié a mi novia y futura esposa, Barb, al Señor. Cada uno de nosotros tomamos un segundo año de alemán en nuestro penúltimo año de escuela secundaria, por lo que nuestra amistad en el Señor continuó creciendo. En nuestro último año de secundaria, a mí me eligieron por votación rey del baile y a ella la eligieron reina del baile. Siempre he amado su espíritu. Siempre le estaré agradecido por compartir a Jesús conmigo, y todos seguimos en contacto regular hasta el día de hoy. He amado su espíritu desde el principio. Admiro su alma y desde entonces hemos tenido esa relación de hermano-hermana. Nunca, ni ella pensaría, en ir más allá de amar y apreciar nuestros espíritus.
 
Pero algunas personas desarrollan una amistad con alguien en el trabajo, o un pastor con un líder de adoración, o 2 vecinos, y confunden la atracción por el espíritu (o alma) de uno con amor, como Dios, como la voluntad de Dios, como Dios me dijo que es mi pareja... y no es eso en absoluto. Es simplemente percibir quiénes son en su espíritu. Una persona a menudo se involucra emocionalmente, dice 'Dios me dijo' que es mi esposo/esposa' y se pregunta por qué Dios no se lo dijo a esa otra persona. Somos espíritu, alma y cuerpo; no cruces la línea. Percibe si te atrae el espíritu de esa persona, tal vez espíritu y alma... pero si ya existen otros límites, no los cruces.
 
La idea de que nuestros espíritus pueden percibir lo que hay en el espíritu de otra persona no se enseña mucho, y lo que hay ahí a fuera es bastante espeluznante y extraño a veces.
 
Las personas perciben y se sienten atraídas por las cualidades del espíritu de otra persona y confunden esa atracción con amor.
 
¿Qué pasa si un pastor tiene una mujer soltera en su congregación que acude a él o solo para pedirle consejo? ¿Qué pasa si ese pastor percibe en su espíritu las cualidades en el espíritu de esa mujer, cómo Dios la ha hecho, cómo la ha dotado y siente una atracción hacia ella debido a eso? Quizás ella también sea bonita a la vista. Él podría manipularla y controlarla, haciendo que se reúna con él por la noche a solas en su oficina, o incluso traer sexo a la relación bajo el pretexto de que ella necesita eso para recuperarse de relaciones pasadas... y muchas otras cosas malas como esas suceden en el cuerpo de Cristo. Jesús definió el adulterio en Mateo 5:28 como la imaginación de la lujuria hacia otro. A lo largo de los años, he visto a muchos pastores cometer múltiples adulterios (imaginaciones en sus mentes sobre mujeres en su congregación o equipos de adoración) y he sacado a algunos del borde del precipicio.
 
Esto puede suceder en cualquier negocio, industria o amistad, así como en la iglesia. Nuestro mundo es tan corrupto que algunos sugieren que María Magdalena y Jesús eran pareja; incluso los primeros escritos heréticos cristianos así lo sugieren. Las mentes de las personas son tan corruptas que no pueden imaginar a una mujer a la que le expulsaron 7 demonios amando a Jesús estrictamente en un nivel espiritual, piensan que tuvo que haberse vuelto físico, pero no fue así. ¿Acaso no amamos a Jesús desde nuestro espíritu? Eso es pureza. Nuestro espíritu da testimonio con el Espíritu Santo de que somos hijos del Padre y de que Cristo está en nosotros. Es por eso que Pablo escribe en 1 Timoteo 5:2 que hay que tratar a las mujeres mayores como madres y a las más jóvenes como hermanas. Pablo está diciendo que amen sus espíritus, que les den el respeto y el honor debidos, y que no vayan más allá de lo debido.
 
Hace años fui orador en una conferencia 'apostólica' y mientras esperaba mi turno para hablar en una sala al costado, algunos de los que ayudaban a servir agua y bocadillos quisieron imponerme las manos y profetizar sobre mí. Les permití y lo que dijeron inicialmente fue acertado, que pronto estaría en otro tipo de ministerio y cosas así. Pero cuando les agradecí y comencé a levantarme del 'asiento caliente', me instaron a volver a sentarme 'y ver qué más podría decir el Señor'.
 
Lo hice, permitiéndoles continuar. Lo que dijeron a continuación no fueron cosas del Señor, sino cosas que su espíritu percibió de los dones en mi espíritu. Todo lo que dijeron que Dios me llevaría a hacer en el futuro, ya lo estaba haciendo. En ese momento no sabían que yo era el Director de una gran escuela bíblica y daba clases casi a diario, supervisaba a un gran personal en una mega iglesia y reemplazaba al pastor los domingos y miércoles cuando él viajaba debido al ministerio. Sus 'palabras proféticas', que todos pusieron en tiempo futuro, decían que pronto sería llevado a un puesto en el que estaría enseñando, que pronto sería administrador, que pronto supervisaría a un personal grande y un presupuesto... eran todas las cosas que estaba haciendo en la actualidad. ¿Cómo fallaron?
 
La primera vez que oraron fue el Señor. La segunda vez fue que ellos percibieron en su espíritu las cosas en mi espíritu; estaban conociéndome como Pablo dijo anteriormente, por el espíritu porque el espíritu es una nueva creación en Cristo. Muchos de los llamados profetas construyen su ministerio no sobre lo profético, sino sobre la percepción del espíritu de una persona y lo convierten en un 'así dice el Señor'. Y comenzaremos allí la próxima semana. Hasta entonces, bendiciones,
 
John Fenn
cwowi.org y pueden enviarme un correo electrónico a [email protected]
 

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