Sobre los apóstoles, 1/1
Hola a todos:
Ante la gran cantidad de personas que se autodenominan apóstoles o profetas, me pareció oportuno en estas últimas Reflexiones Semanales compartir lo que dice la Biblia, en lugar de basarnos en la tarjeta de presentación de alguien o en el título que anteponen a su nombre.
El contexto original
En nuestros días, los «dones de los cinco ministerios» se consideran sustantivos: apóstol, profeta, maestro, pastor y evangelista. Sin embargo, estas palabras son términos griegos transliterados al inglés. Esto significa que los traductores de la Biblia tomaron palabras de acción, en este caso, «enviado» o «apostolos», y decidieron que, en lugar de mantener la expresión «enviado», convertirían apostolos en un sustantivo que en es inglés 'apostle' (apóstol). Del mismo modo, transformaron «aquel que predice» en profeta; «aquel que proclama la verdad» en maestro; «aquel que cuida las ovejas» en pastor; y «aquel que anuncia las buenas nuevas» en evangelista. Así es como estas palabras de acción se convirtieron en sustantivos, encajando a la perfección en la jerarquía propia de la cultura eclesiástica de la «iglesia en auditorio» que predominaba hace más de 400 años.
Hicieron lo mismo con la palabra «obispo», que en griego es 'episkopos' y significa «aquel que supervisa». Considera el pasaje de 1 Timoteo 3:1, primero en la versión en inglés en King James y luego en su griego original:
KJV: «Dicho fiel es este: si alguno anhela el oficio de obispo, buena obra desea».
Griego: «Dicho digno de confianza es este: si alguno aspira a la labor de surpervisar, desea una obra hermosa».
Consideren también que la palabra «diácono» proviene del griego «diakonia», que significa «servicio» o «servir». Transformaron la figura de «aquel que sirve» en un cargo eclesiástico denominado «diácono». Los traductores no nos hicieron um favor al convertir estas palabras de acción en términos que, a lo largo de los siglos, terminaron por convertirse en sustantivos, si bien esto resultó muy conveniente para la jerarquía de las principales denominaciones religiosas. A continuación, presentamos Romanos 11:13: primero en la versión King James y luego en griego, para observar cómo cambió su significado:
Versión King James: «Pues a ustedes les hablo, gentiles; por cuanto yo soy apóstol a los gentiles, honro mi ministerio».
Griego: «A ustedes, gentiles, les hablo ahora; ciertamente soy un enviado para servirles, y me glorío en mi servicio (hacia ustedes)».
En las iglesias modernas con formato de auditorio, pareciera que un apóstol es un sustantivo, un título. También pareciera que ser apóstol u obispo (supervisor) es un cargo; cuando, de hecho, la palabra griega significa «servicio». En la realidad del Nuevo Testamento, no existe tal cosa como un «cargo» ya sea pastor o apóstol, intercesor o profeta—; la palabra clave es «servicio» (diakonia).
¿Qué define a un apóstol?
Recuerda que la totalidad del Nuevo Testamento fue escrita por estos «enviados» y dirigida a personas que se congregaban en iglesias en casas.
En primer lugar, por lo tanto, el contexto original de un apóstol es que estos inician iglesias en las casas. Ayudan en el proceso de discipulado a través de las relaciones dentro de la familia, amigos, vecinos y compañeros de trabajo. Esas son las cuatro esferas principales de relaciones que se observan en el Nuevo Testamento. Una quinta esfera sería la de la «persona de paz»: alguien que te conoce y te acepta, pero que aún no conoce al Señor.
En segundo lugar, Jesús se les ha aparecido para encomendarles su misión. 1 Corintios 9:1:
«¿Acaso no soy libre? ¿Acaso no soy un enviado (apóstol)? ¿Acaso no he visto al Señor? ¿Acaso no son ustedes mi obra en el Señor?». La afirmación de que es libre hace referencia al capítulo anterior, en el cual abordó la libertad de comer lo que uno desee; aquí, Pablo declara que está poniendo en práctica lo que enseña. Observe que él afirma ser un enviado (apóstol), haber visto al Señor y que ellos, los corintios, constituyen su obra en el Señor. Nota también que Pablo vio al Señor, tal como lo hemos visto yo u otros, después de Su ascensión, en el Espíritu. Sin embargo, eso sigue contando como haber visto al Señor, tal como se indica en este versículo; aquello formaba parte de la credibilidad de Pablo como apóstol que él había visto al Señor.
En tercer lugar, su asignación es para un grupo o tarea específicos. Escribiendo a los corintios en 1 Corintios 9:2:
«Si para otros no soy un enviado (apóstol), para ustedes sí lo soy; pues ustedes son el sello de yo haber sido enviado (apostolado)». Él no era apóstol para todos, sino solo para un grupo específico.
En Gálatas 2:9, Pablo escribió que Pedro, Jacobo y Juan «percibieron la gracia» en él y en Bernabé, y les dieron la mano de compañerismo, acordando que el servicio de ellos sería para los judíos, mientras que Pablo y Bernabé serían enviados a los gentiles. En Hechos 9:15, cuando el Señor se le apareció a Pablo en el camino a Damasco, le dijo específicamente que lo enviaba a los gentiles (los no judíos). Esto nos muestra que ser apóstol implica un grupo de personas específico y, con ello, limitaciones inherentes a ese grupo de personas.
Cuando el Señor me visitó el 4 de noviembre de 2001 y puso sus manos sobre mí, dijo lo siguiente: «Has estado realizando la obra de un apóstol, pero ahora pongo mis manos sobre ti como apóstol para esta tarea: quiero que inicies una iglesia en casa y una red de iglesias en casas, y que la estructures de tal manera que facilite el desarrollo de iglesias en casas en todo el mundo». Mi asignación como «enviado» se limita a las iglesias en casas, aunque abarca todo el ámbito mundial. No he sido enviado como apóstol para las iglesias con auditorio, si bien ministro en ellas libre y gozosamente. No se me ha asignado un grupo de personas específico, pues Él dijo «en todo el mundo». Los confines de mi apostolado se circunscriben a aquellos que participan en ministerios basados en el hogar. Enseño para todos, sirvo como vidente para todos, pastoreo y superviso a nuestro grupo CWOWI, pero mi apostolado es exclusivo para CWOWI. Por consiguiente, trabajo codo a codo con otros que poseen diferentes llamados; todos formamos parte del mismo equipo y brindamos ayuda según se nos solicita.
Cuando Él declaró: «Has estado realizando la obra de un apóstol», se refería a mi labor de enseñanza y a mis visitas a diversas iglesias para instruir y asesorar a pastores y líderes de escuelas bíblicas en todo tipo de asuntos: desde sus problemas y conflictos personales, hasta la manera de potenciar el impacto positivo que su ministerio estaba generando en las personas. Yo había estado haciendo aquello que también hacen los apóstoles; sin embargo, hasta ese momento, no era un apóstol (un «enviado»). Creo que muchos de los que realizan la labor de un apóstol, pero que no lo son, se autodenominan apóstoles. No obstante, ellos no están fundando iglesias en casas; carecen de transparencia y de las relaciones interpersonales inherentes a dicha labor; y Jesús no se les ha aparecido para imponerles las manos con miras a una tarea específica, ni para enviarlos a un grupo o misión concreto. Sin embargo, dado que ejecutan una parte de las funciones propias de un apóstol, la cultura eclesiástica centrada en los grandes auditorios se presta a la proliferación de títulos y cargos, así como a la veneración de aquellos que han sido etiquetados de manera errónea.
Siendo yo adolescente, el Padre me reveló que me había llamado a ser un vidente. En esa misma etapa de mi juventud comencé a enseñar, siendo este uno de mis dones principales, si no el más importante de todos. Siempre he poseído un «corazón de pastor», velando por el pueblo de Dios con el fin de acompañarlo a lo largo del proceso de discipulado. Mi asignación como apóstol se sumó a las anteriores que preceden al año 2001; no obstante, dicha asignación responde a un propósito muy específico. Esta labor se edifica sobre los dones preexistentes de vidente, maestro y pastor. Dichos dones están al alcance de todos; sin embargo, mi apostolado se circunscribe exclusivamente al ámbito de las iglesias en casas y a los miembros de la red CWOWI que surgen a partir de ellas. Pedro, Santiago y Juan sabían que eran apóstoles (enviados) dirigidos a los judíos; del mismo modo, Pablo y Bernabé sabían que habían sido enviados a los gentiles. Se trataba de una asignación específica, cuyos límites se discernían con total claridad.
En cuarto lugar, el ministerio de un apóstol se halla acompañado de señales y prodigios, tal como se afirma en 2 Corintios 12:12: «Ciertamente, las señales de un enviado (apóstol) se manifestaron entre ustedes con toda paciencia y perseverancia, mediante señales, prodigios y milagros». Si bien en mi ministerio he sido testigo de milagros y sanidades extraordinarias similares a las descritas en los Evangelios: Cojos que caminan, sordos que oyen, ciegos que recuperan la vista y más. Prefiero no hacer alarde de aquello, a fin de evitar que la gente fije su mirada en mi persona en lugar de dirigirla hacia el Señor.
No obstante, en una ocasión le expresé al Señor mi deseo de presenciar con mayor frecuencia ese tipo de sanidades extraordinarias; Su respuesta, sin embargo, me tomó por sorpresa: «¿Por qué crees que te visito a menudo durante tus reuniones? ¿Por qué crees que abro los ojos espirituales de tantas personas para que puedan verme, o para que perciban mi presencia en medio de ellas? Esto también forma parte de las señales y los prodigios». Así que reconocí mi error y no he vuelto a sacar el tema desde entonces. Ha habido muchísimas ocasiones, quizás seis o más, en las que varios de nosotros hemos visto al Señor en medio nuestro, mientras Él caminaba entre la gente hablándoles; algunos lo veían, mientras que otros simplemente lo percibían justo delante de ellos, o sentían en su espíritu Su abrazo o Su mano sobre su hombro espiritual. Y, por lo general, varios tienen visiones, ven ángeles o la nube de gloria, o son arrebatados en el Espíritu junto con el Señor. Me siento continuamente doblegado y asombrado de que Él actúe de este modo, habitualmente durante nuestros tiempos de adoración en nuestras conferencias.
Hace años hubo un tiempo en que se puso de moda autodenominarse apóstol. Algunos incluso llegaron al extremo de exigir que los pastores les entregaran sus diezmos personalmente, y que sus iglesias diezmaran a su ministerio, enriqueciéndose así mediante esta manipulación. Que el Señor tenga misericordia de sus almas. Ni Pablo ni ningún otro apóstol exigieron diezmos u otro tipo de apoyo financiero; Pablo esperaba que las personas tuvieran comunión con Cristo a través de ellos y dieran a aquellos que les habían enseñado, pero nunca hubo una exigencia; razón por la cual yo hablo muy poco sobre dinero. Además, los apóstoles contaban con redes de contactos, tal como revelan las cartas de Pablo al narrar sus viajes a aquellas iglesias (en casa) asociadas con él: en Roma, Corinto, Éfeso, la región de Galacia, Filipos, Colosas y Tesalónica. Escribió a los romanos diciéndoles que deseaba llegar hasta España, aunque no estaba seguro de si lograría llegar tan lejos.
Su deseo no era invadir el terreno del trabajo de otro, tal como se afirma en 2 Corintios 10:12-15: «Nos limitaremos a la esfera del ministerio que el Señor nos ha asignado, la cual los incluye a ustedes...».
En resumen, la definición bíblica de un apóstol es la siguiente: ayudan en el proceso de discipulado a través de las relaciones personales y en reuniones celebradas en casas. El Señor se les ha aparecido para encomendarles una misión específica, para la cual son «enviados». Su misión consiste en llevar a cabo una tarea concreta o dirigirse a un grupo de personas determinado. Su ministerio viene acompañado de señales y prodigios.
Y estoy agradecido por todos ustedes, quienes leen estas «Reflexiones Semanales» y los boletines mensuales. Anhelo el día en que podamos saludarnos cara a cara. La próxima semana abordaremos un nuevo tema; hasta entonces, ¡bendiciones!
John Fenn
cwowi.org y me pueden enviar un correo electrónico a [email protected]

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